La azarosa vida de Ernesto Valente

A la muerte de su padre, el joven Ernesto frecuenta los ambientes fascistas en el marco de los enfrentamientos que soterradamente se libran entre opositores y partidarios de la República.


Ramiro y yo fuimos entablando una estrecha relación de compañeros. Era amable conmigo y en ocasiones ocurrente y divertido. Sólo se le agriaba el carácter cuando hablaba de política. Odiaba la República y más aun la democracia, de la que decía que era el mayor engaño que había traído consigo la modernidad. No podía comprender que pudiera ser igual el voto de un ignorante campesino que el de un eminente doctor. Por eso no podía aceptar el valor de la mayoría democrática. Sostenía que un estado que deja el gobierno en manos de una masa inculta y manipulable está renunciando de antemano a la razón ...

 

La Guerra Civil le sorprende en África desde donde es enviado al frente para combatir junto a los sublevados.

 

Tras los muros derrumbados de un edificio se hacía visible lo que había sido la salita o el comedor de un domicilio, todavía con los cuadros colgados en las paredes y las lámparas del techo, y la mesa cubierta de un mantel y dispuesta para el almuerzo, evocando aquella estampa la irrupción repentina de la guerra en la rutina de una vida cotidiana, sorprendida de improviso por la visita inesperada de una bomba. Probablemente sus moradores habrían huido deprisa al escuchar el ulular de la sirena que anunciaba el inminente bombardeo; quizá llegaron a tiempo al refugio más cercano, o tal vez habían caído en el intento; imposible saberlo. Lo indudablemente cierto es que la intimidad de aquel hogar se mostraba ahora desnuda a la vista de cualquiera, atrayendo las miradas curiosas, convertida en la desoladora visión de una tragedia. 


Concluida la guerra se alista en la División Azul y en Rusia es condenado a la pena de muerte, que Franco conmuta por la de cadena perpetua.

 

Desde la Ciudad Universitaria marchamos en formación hasta la Estación del Norte de donde salimos una noche del mes de julio de 1941, rumbo a Alemania. Atravesamos la frontera de Francia y nuestro tren enfiló el norte de Italia, que atravesamos de lado a lado cruzando el Piamonte y las fértiles tierras lombardas; a nuestra izquierda se dibujaba cercano el contorno azulado y blanco en sus cumbres de la imponente cordillera de los Alpes. Después ascendimos hasta Austria y tras un viaje de cuatro días con sus noches por fin llegamos a un lugar llamado Grafenwöhr, en la Baviera alemana, que era nuestra estación término. 

 

Ernesto cumple condena hasta que un indulto le devuelve la libertad. Entonces conocerá a Manuela, la mujer de la que se enamora y con la que comparte los días más felices de su vida.

 

Presumida como era siempre iba muy arreglada, y aquel día, bajo el delantal, estaba espléndida. Mientras me hablaba a veces yo perdía el hilo y me escapaba hacia sus brazos carnosos y torneados, o me quedaba absorto contemplando sus labios cuidadosamente perfilados, o sus ojos tan vivos y expresivos que eran capaz de hablar por sí solos. Sin poder remediarlo, la mirada se me iba hacia sus pechos redondos y poderosos, que presos del sujetador asomaban tersos y botaban a cada movimiento como danzando dentro del escote holgado del vestido, apenas sostenido por dos tiras livianas que resbalaban constantemente por sus hombros. Ella sentía el calor de mis miradas y yo que se complacía del momento. 

 

La narración de las vivencias y sensaciones más íntimas del protagonista transcurre paralela a los principales acontecimientos del pasado siglo.

 

 

andresvicente01@hotmail.es

 

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